Hoy defiendo a los más oscuros pensamientos, que los fuertes
resquemores de la esencia productiva y progresista han condenado a lenta
muerte, hoy me detengo a imaginar la tortuosa vida de los luchadores condenados,
matizada por las raíces tormentosas, de la cárcel y la decadencia sin futuro de
un sistema acongojado. Hoy desciendo calcinado a las moradas turbias de los
viajantes cercenados por la supuesta locura e inconsciencia, y a medida que voy
avanzando, las sensaciones se acumulan en mi mente mientras cantan las
entrañas. Ya no escucho a los errores y adicciones del pasado, que cruzan por
mis memorias, como guardianes distraídos de la muerte y de la vida, no pretendo
yo escuchar tales falacias, mientras resisten de frente, los que hoy se entregan
en plenitud a estas calles controladas. Veo
a las gárgolas de acero preparar su resistencia, que cobardes se refugian en
los mantos de otros tiempos, hoy se vuelven a imponer sobre el canto colectivo,
veo el llanto de los hijos que se arrastran por el barro, ya no ven, ya no
respiran, crueles gárgolas proyectaron sus temores en el aire, pobres vidas se
retuercen por el sueño de otro mundo. Monumentos se congregan en el centro de Santiago,
ya sus dueños no vigilan sus mensajes cotidianos, victoriosos ya retornan a
refugiarse en cordillera. Pobres necios yo los miro, regocijan su relato,
contorsionan su existencia y su mercado liberado, no imaginan que en las noches
prolifera la violencia, no imaginan que los surcos de los cuentos mal contados,
son los valles que procrean a la estirpe luchadora, son los valles que dan
forma a los sueños rupturistas, son los valles incendiarios que cultivan los
albores de la muerte.
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