La tosca ausencia del afecto me hace titubear; una lágrima etérea implora su viejo consuelo, inexistente en el temeroso aullido de este beso inocente.
Mis pasos curtidos entre años de descaro se tornan infantiles frente a los juegos invocados, incrustado en la pasión nado sereno hacia las apacibles aguas del silencio, la elocuencia y la contemplación, desconcertando a mis amantes.
Las primeras horas de claridad me enseñan un virtuoso amanecer, franjas anaranjadas que estimulan la frescura de un día nuevo, una oportunidad que abraza su más temprana vigencia, evocando irremediablemente la humedad purificante de los paseos de mi infancia. ¿Por qué me entristece la certeza de no poder cristalizar contigo esta perspectiva única, aunque sea con un breve comentario?, la ausencia de confidencia parece calar hondo, tal vez siempre lo ha hecho... no puedo comulgar con lo banal.
Te acercaste nuevamente y te enlazaste con mis brazos, tu quietud pareció alimentarme, por unos segundos sentí la plenitud del reencuentro, la caricia creadora; la voluntad movilizante. ¡Triste ilusión desvanecida en la violencia de tu ímpetu carnal vacío y a ratos repugnante!
Un trato brusco, autoestimulante... ¡tan ajeno a las bondades de tu sonrisa!
No comments:
Post a Comment