Un rostro eterno me espera erguido frente a los cardos,
los montes llanos son los guardianes de su memoria.
¡Retornan cautos a exonerarse por la llovizna,
mis sufrimientos adormecidos entre las llamas!
Tengo pesares intermitentes entre tus aguas,
pues la llegada y el abandono son desarraigo,
pues los amores se resquebrajan en la distancia,
¡pues soy cobarde para abrazarme bajo tu espuma!
Será un extenso soñar tu paso entre la nostalgia,
que cual tu playa bañaste firme en independencia.
¡Las mescolanzas del turbio arrastre cordillerano,
¡Las mescolanzas del turbio arrastre cordillerano,
se imponen tercas a las nociones de despedida!
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