El profundo clamor de un espíritu roto en la prosa,
intenta apaciguar(te)se en la niebla de tu(su) gélida presencia,
suave estela que inmiscuye en mis oídos la permanencia y el dolor.
Me pregunto:
¿Cuántos sueños enraizados a tu amparo contemplarán el fracaso de esta noche solitaria?
tengo miedo de ofenderlos, corrompiendo el mensaje de su amargo cobijo.
¿Harían lo mismo los pensamientos develados bajo el impotente son de la distancia?
tengo miedo de entenderlos, comprendiendo el mensaje de su eterno cobijo.
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