Hermano:
Hoy yo sepulto al contenedor de tu conciencia; aquel disfraz
resplandeciente que rondaba por sus cercos taciturno.
Hoy yo sepulto tu silencio; guardián eterno de los inciertos
secretos del crecimiento y sus miserias.
Hoy yo te robo los sueños; los realizo depositando en
universos lejanos sus espesuras y esperanzas.
Hoy yo levanto, la vieja y sabia paradoja, constriñendo en
mis afanes, los calurosos recuerdos que perecen entre las generaciones.
Hoy con los dolores de carne viva, formulo en mis deseos la
experiencia que nos hará reencontrarnos, trascendiendo entre y desde la tierra
como una sola materia: la vida.
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