Romería del castigo, voces punzantes en condena.
Procesión y desamparo, el agrio sabor del ultraje.
Banquete profano de muecas tensas, vigorosos dolores de lo posible y lo añorado.
Comensales, cuervos y microbios. Bebed de la savia pútrida del árbol caído
Acurrucaos espurias bestias sonrientes, en este nicho reservado al presidio de lo omnipotente,
Masticad mi fluir coagulado en la despedida y en el fracaso.
Despedid el tesoro de la inocencia con purulentos desgarros. ¡Reposad en la huella de mi pie maltratado!
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