I
Un misterio ciego es el fulgor naciente de los
presidiarios, cual rumores mancos veo decisiones en momentos muertos.
Un amargo don es el recuerdo breve de caricias
torpes, que entre la distancia van sedimentando la palabra ausencia.
II
Un rumor errante va creciendo libre entre la cruel
desidia de los calendarios, voluntades truncas van recomponiendo cada pincelada
de su rostro ajeno.
Proyecciones vagas de un camino terso,
contorsiones nobles de un relato extinto: remanencias propias del amor que
muere.
III
¡Tedio, pánico! Presente vano y horizonte nulo:
la miseria del sentido.
Sabio, silente y tibio, un puñal castiga nuestros
pecados.