Donde solo el crujir de aquellos techos, me hacía recordar
el clamor de un corazón roto, escribí desesperado las malditas hojas de un
descuido provinciano:
Como lastimaba la
nostalgia, en ese día que no era;
Como lastimaba la
conciencia, en ese día que era tarde.
Muchacha: Dentro de tu celda no había
vida, solo analogías y comparaciones corruptas de deseos sin amor; y si piensas
que exagero ve a mirarte de inmediato en aquel espejo, mira el burdo estado en
el que te encontrabas y después ven a juzgarme. Ve aquellas inscripciones en tu
pecho, son horrorosas y necesitan ser conjugadas en tu realidad (hazlo), solo después
de eso podrás decir que yo era un mentiroso.
Finalmente entenderás que si bien yo quizá era el hombre malo y nunca medí mis acciones, era como dicen los hombres con más experiencia “mi naturaleza”, y con esto ya fui lo suficientemente explícito.
Finalmente entenderás que si bien yo quizá era el hombre malo y nunca medí mis acciones, era como dicen los hombres con más experiencia “mi naturaleza”, y con esto ya fui lo suficientemente explícito.
(El espejo prohibido es el fruto
de la infidelidad, de la mentira, del agasajo pasajero y corporal, de una
mentira escandalosa que refleja una imagen que no debió nacer ni configurarse).
(El último cuarto eres tú, al
parecer la última reserva moral después de toda una sociedad que te predispone
y te contamina. Eres la enfermedad y la medicina).
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