Agobiado en la búsqueda de un parámetro perfecto, que
materialice de forma íntegra los rastros de su imaginación, el pobre hombre
caminó por las calles más lúgubres de la ciudad, cargaba solo con su cuaderno y
un par de sueños que no quería realizar. El frío de aquel lugar era espantoso, pero
más aún lo eran las miradas inquisidoras de aquellas personas, ¿Cuándo iba a
imaginar este pobre hombre que iba a encontrar abrigo tan lejos del calor
humano?, esta desagradable pregunta que nunca le dejaría dormir prolongaría tanto sus noches que pronto llegó
a negar la existencia del sol.
Ya al ser la luna su patrona se abalanzó a la
exploración de los mantos cósmicos, libre ya de todas las presiones y
prejuicios que alborotaban su reflexión, el pobre hombre se sentó por un
momento en aquel oscuro y descuidado cráter y miró a su alrededor, nada por su
mente pasó… ¡El pobre hombre regresó!.
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