En la segunda semana del paro comencé a hablar solo, era
poco habitual pero me sentía bien, me adentré en las técnicas del
autoconocimiento y pensé que podía purificar mi alma… Fue un gran error porque
me fui en la media volá, e irreversiblemente atormentado armé mi maleta con una
cantidad de ropa realmente insuficiente. Decidí regresar al campo para terminar
con mis cuestionamientos.
Ya al perder la cuenta de las semanas, recluido en las
parcelas regionales, comencé a gritar incoherencias erráticamente y a sufrir
espasmos musculares mientras trataba de realizar mis estudios… Los animales
observan mi expresión corporal involuntaria mientras se me olvida el
funcionamiento del transporte público santiaguino, sus combinaciones, horarios,
precios y tarjetas.
No se preocupen, no hay manera en que puedan ayudarme, ya
que llegan a mi sueños y visiones de un futuro campesino, donde mis espasmos me
transfiguran lentamente en un animal aberrante, que se esconde del humano y
lanza gritos que solamente él y Dios entienden. Me siento realizado.
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