Contemplo los dolores
desnudos de tu silencio, nuestra unión eterna aniquila las distancias.
No existen puertas
para lo verdadero, ni el pecado lo arrebata, ni la santa unción lo triza.
Vamos hacia el
son de prisas, por vertientes demacradas, y aunque ya no hay tiempo para un
lazo cimentado en infinito, sólo pido:
Recógeme en un
delirio, en un aullido del recuerdo, con gracia inclinaré en reverencia ante la
visita del desprecio.
Enúnciame en el último
vértice de un clamor sincero, conforme surcaré mis llantos entre el más fútil soplido
de tu palabra.
Deposita una
breve mirada sobre tu hombro, pausando tu cabalgata estoica. Recogeré tus
dolores entre el horizonte tenue y la brisa.
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