Sunday, August 30, 2015

La explicación de un caminante cabizbajo

Yo soy un artista bebé, y muchas veces no se de finales felices. Tú creerás que estoy acostumbrado a las falacias, a las almas duras y a los desgarros del proceder; pero lo siento, mucho yo ya he sufrido en estos años tan viciados, y confieso con una lagrima negra en mis manos que un dolor crudo golpea mi centro.
En este escarnio, yo moribundo, tú majestuosa, asciendo entre este cruel pavimento, despliego sin temor mis alas y en el último acto de una reflexión macabra emprendo un vuelo hacia el recuerdo, y pienso:
Mientras gritabas desesperada, yo pensaba solo en huir, en correr y en vivir…
Mientras girabas en razones truncas en las que te aferras a diario para sobrevivir a tu infortunio, yo me exacerbaba, yo sufría y te ridiculizaba en mi mente…

Ya sabes lo que viene ahora: gritos, morbo, calle, turbas. ¿Me puedes perdonar? Tan solo caminé a un ritmo desenfrenado y choqué con más de algún canalla, que reconoció en su deriva, en el preciso instante en que me iba a maldecir, la fría luz de un hombre triste, la cual calmó empáticamente en un clamor extraordinario, su banal rudeza secundaria y adormeció a aquel impetuoso reactor del vil instinto. ¿Por qué a ti no te conmovió? Ahora solo me queda pedir perdón y volver a empezar, aunque sé que la culpa no está en mi conciencia. 

Saturday, August 29, 2015

El espejo prohibido del último cuarto (una desgraciada y descarada disculpa)

Donde solo el crujir de aquellos techos, me hacía recordar el clamor de un corazón roto, escribí desesperado las malditas hojas de un descuido provinciano:

Como lastimaba la nostalgia, en ese día que no era;
Como lastimaba la conciencia, en ese día que era tarde.

Muchacha: Dentro de tu celda no había vida, solo analogías y comparaciones corruptas de deseos sin amor; y si piensas que exagero ve a mirarte de inmediato en aquel espejo, mira el burdo estado en el que te encontrabas y después ven a juzgarme. Ve aquellas inscripciones en tu pecho, son horrorosas y necesitan ser conjugadas en tu realidad (hazlo), solo después de eso podrás decir que yo era un mentiroso.

Finalmente entenderás que si bien yo quizá era el hombre malo y nunca medí mis acciones, era como dicen los hombres con más experiencia “mi naturaleza”, y con esto ya fui lo suficientemente explícito.

(El espejo prohibido es el fruto de la infidelidad, de la mentira, del agasajo pasajero y corporal, de una mentira escandalosa que refleja una imagen que no debió nacer ni configurarse).

(El último cuarto eres tú, al parecer la última reserva moral después de toda una sociedad que te predispone y te contamina. Eres la enfermedad y la medicina).